El Barça, tocado y hundido

Ni la presencia de Cupido. Ni la magia de París. Ni la épica de la Champions. Nada de nada. El Barça no supo a qué agarrarse y sufrió un repaso histórico ante el PSG (4-0), que supone el adiós anticipado a Europa, si no hay milagro que lo remedie en el Camp Nou. Emery asfixió a los azulgranas y ahuyentó todos los fantasmas que le perseguían.

La inferioridad azulgrana fue palmaria. Futbolística y anímicamente, incapaz de reaccionar el equipo de Luis Enrique ante la exhibición del PSG, que consigue así por fin dar un golpe de verdad en la mesa y situarse como gran candidato al título. Aunque será difícil que vuelva a dibujar un óleo tan perfecto como el que completó este martes.

Al Barça se le volvió a estropear el despertador, mala costumbre que está adquiriendo esta temporada, y compareció veinte minutos tarde en el Parque de los Príncipes, cuando ya era tarde. Se encontró estrangulado el equipo de Luis Enrique ante la intensidad del PSG, que le estaba pasando por encima con la facilidad que un tanque atraviesa un campo de margaritas.

Caían piedras del cielo y el Barça sólo disponía de un paraguas de papel

El conjunto azulgrana era incapaz de enlazar dos pases seguidos y en París se cantaba cada robo de balón casi como un gol. Como se jalean los córners en la Premier. Ter Stegen era el último recurso para atajar el temporal, pero estaban cayendo piedras del cielo y el Barça apenas disponía de un paraguas de papel.

El equipo azulgrana caminaba descalzo por encima de cristales rotos y ni siquiera tenía preparadas las tiritas. No sabía cómo superar la presión que tan bien había preparado Emery. Di María y Draxler ayudaban mucho por dentro y el Barça no sabía ocupar las bandas. Era todo un desastre, cuyo único maquillaje posible eran las cabalgadas de Neymar, intentando regatear a ocho futbolistas en la misma jugada. Estaba fino el brasileño, pero ese no era un camino viable.

No logró ser reconocible el Barça hasta que se vio por detrás en el marcador. Aprovechando el desbarajuste en las filas rivales por una lesión de Neymar, Di María lanzó una falta desde la frontal y la pelota encontró la red tras acertar el hueco que dejaron Luis Suárez y André Gomes en la barrera. La herida sangraba a borbotones y el botiquín no se abría.

El centrocampista portugués fue el elegido por Luis Enrique para completar el once de gala y no pudo devolverle la confianza, superado por Trapp en la mejor ocasión azulgrana hasta el descanso. La única.

Draxler le amargó la noche a Sergi Roberto

Con el Barça asentado, ya dominando el balón, aunque siempre lejos del área parisina, Emery ordenó un pequeño paso atrás a los suyos para sorprender a la contra. Cada balón robado, era una pesadilla para los azulgranas. Draxler crecía, confirmando que el mercado de invierno puede aportar cosas, y dejaba en evidencia a Sergi Roberto cada vez que le encaraba.

El panorama para los de Luis Enrique era cada vez más negro. Ter Stegen se multiplicaba pero no pudo llegar a todo él solito. Su mano derecha evitó el segundo de Draxler a la primera, pero nada pudo hacer a la segunda. El 2-0 del alemán dejaba al Barça al borde del precipicio y tampoco había traído paracaídas.

No había traído nada a París, ni siquiera amor propio. Contra las cuerdas, con el futuro europeo en el aire, salió al descanso tan pancho, como si nada. Completamente desenchufado el Barça, el PSG seguía conectado a las líneas de alto voltaje, subido al tanque aplastando margaritas azulgranas. Así lo certificó Di María, con una obra de arte que se coló por la escuadra de Ter Stegen ante la pasividad de la defensa. La herida se había convertido en una enfermedad terminal y el equipo de Luis Enrique ya estaba en coma, inducido por un soberbio rival.

Emery, el gran vencedor de la noche, no paraba en la banda y sus futbolistas tampoco en el césped. Seguían acechando a Ter Stegen ante la indolencia y la incapacidad del Barça. Seguía sin comparecer Messi, la peor noticia para los azulgranas, y Trapp vivía extrañamente tranquilo. Sí lo hacía Cavani en el área contraria, que convertía la velada en histórica con el cuarto.

No tuvo respuesta el Barça para el tanto de Cavani, como no la había tenido para los tres goles anteriores. Apenas un remate de Umtiti, en una llegada aislada, que repelió el poste.Humillado, repasado de arriba a abajo, el equipo de Luis Enrique no estuvo a la altura en el peor momento y Europa dio fe de ello.

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